Caletas de pescadores
Caletas de pescadores
"Un negocio a pulso"

El antiguo negocio generado por las caletas de pescadores de nuestras costas, sin duda ha sufrido en estos últimos años un gran vuelco. Si bien, antes el porcentaje de pesca recogida durante el día se destinaba básicamente al consumo local, regional y nacional, hoy más del 50% de lo extraído es exportado fuera del país. La razón, sencillamente como dicen los propios pescadores porque hoy funcionan muchos más botes que hace 10 años.

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La pesca artesanal de nuestro país ha existido desde que existe el mar, generaciones completas han transitado en torno a este negocio dejándoles el legado a los más jóvenes, claro que hoy los abuelos y padres pescadores desean un mejor futuro para sus nietos e hijos, porque aunque se gana plata comenta Víctor Ahumada, pescador de la Caleta de Higuerillas, es un trabajo muy sacrificado. Eso lo saben bien todos los hombres de mar de nuestro país. Su trabajo comienza a las 4 de la madrugada y para recoger lo que necesitan emprenden diariamente un desafiante y arriesgado viaje mar adentro. Por ley, estos pescadores tienen de uso exclusivo 5 millas de mar para extraer las especies que posteriormente venden. Sin embargo, hoy en que la cantidad de botes es muy superior a lo que se veía hace 10 años, estas millas se hacen escasas para la pesca artesanal, por ello, arriesgando incluso la vida, los valientes hombres recorren el mar hacia la nada. En las penumbras de la madrugada, cuando aún el sol no se deja ver, los pescadores están entre el cielo y la inmensidad del océano.

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Uno de los grandes problemas al que se enfrentar cada día admite el Alcalde Mar de Horcón, Don Arnaldo Cisternas, es deben “competir” con los barcos de arrastre que aunque no pueden entrar en sus cinco millas, tienen el resto del mar para extraer su negocio. Estos, cuentan con radares especializados y se llevan todo lo que encuentran a su alcance. El problema asegura, es que la merluza, fuerte de casi todas las caletas de Chile, se encuentra fuera de las cinco millas, por lo tanto es absolutamente necesario salir del territorio que el gobierno les da. “Estas cinco millas nosotros las recorremos en 15 minutos, por eso trabajemos las 12 millas, pero hay días en que uno sale y no encuentra nada”. De todas formas, a pulso y una gran fuerza interior cada día hacen lo imposible para satisfacer las demandas que hoy están pidiendo los comerciantes nacionales. Una demanda que sin duda ha cambiado muchísimo en estos últimos 10 años. Del total de lo extraído, tanto en la caleta de Higuerillas como en la de Horcón, aseguran que casi un 80% se va para las empresas, las que destinan el producto para el consumo nacional en supermercados y gran parte también para la exportación. España y Estados Unidos, admite Arnaldo Cisternas son los países donde en su mayoría se va la merluza nacional.

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Con una organización que es admirable, los 30 botes de la Caleta de Higuerillas y los 48 de Horcón, han hecho de este negocio uno digno de imitar en otros rubros. Por ejemplo, en Higuerillas los botes se dividen en dos grupos. Cada uno de ellos se alterna diariamente y le vende la mercadería a los camiones (supermercados y exportación) y en la playa (ambulantes para consumo local o regional). Lo recaudado al igual que en Horcón es lo que extrae individualmente cada bote en el que trabajan dos personas. “El que no saca nada no gana nada”, admite Patricio Fernández, pescador de Higuerillas. Si el negocio es bueno o malo, Don Arnaldo asegura que “hay días y días, como en cualquier cosa”. Pero más allá de saber si este es un verdadero negocio, llama la atención la capacidad de estos hombres para emprender nuevas formas de diversificar su rubro. Los pescadores de Higuerillas, recientemente sobre su Caleta inauguraron el Restaurante Calipso, un moderno local que a fuerza de trabajo lograron instalar. El restaurante lo arriendan y las utilidades van directamente al sindicato para pagar sueldos, cuentas y ayudar a los pescadores enfermos. El hecho de organizarse en sindicatos, admiten en ambas caletas, ha sido muy beneficioso para ellos, puesto que son sus representantes los que actúan ante la Gobernación Marítima cuando surge algún problema. “Cuando éstos son más complicados los sindicatos se unen y logramos mayores cosas”, asegura Víctor Ahumada, como cuando les pusieron la merluza en veda en diciembre del año pasado por excederse en el tonelaje que les está permitido pescar. De todas formas, el negocio de las caletas cada día va en aumento, a veces con dificultades por el tema de las millas, los barcos de arrastre, los lobos marinos que se comen todo y el constante regateo de los comerciantes nacionales por bajar el precio del pescado, todo lo cual hace que este trabajo sea aún más sacrificado para hombres que incluso dejan la vida por tratar de ganarse la misma.

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